
A veces uno aprende de quien menos espera. Y es verdad, uno debe decidir que batallas pelear, cuales verdaderamente valen la pena y cuales es mejor dejarlas que pasen sin pena ni gloria o mejor dicho, no darles importancia. Quizas la frase la aprendi de una persona a la que tuve que ganarme para poder realizar comodamente mi trabajo. Quizas su universo es muy limitado y su alcance es muy local. Pero pensandolo bien, creo que podemos aplicarlo en muchos aspectos de la vida, profesionales, personales, familiares, sociales, etc. Escoger las batallas que queremos ganar, las que debemos pelear, las que vale la pena invertir recursos (tiempo, dinero, emociones, pasion). Debo agradecer a Sandi Watercutter por compartir su pequeña y sencilla filosofía de vida.
